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Patricio Tombolini: Mi verdad en The Clinic

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Patricio Tombolini: Mi verdad en The Clinic

fuente :theclinics.cl

Han pasado más de 15 años desde la entrevista que di en enero de 2013 a The Clinic. Y al releerla lo primero que puedo señalar es que lo que dije en ella se cumplió a cabalidad: en esa ocasión, señalé reiteradamente que soy inocente, que no cometí ningún delito.

Tuvieron que pasar más de cuatro años de doloroso juicio para que la Corte Suprema, en mayo de 2007, confirmara ni inocencia por unanimidad.

Lo segundo que se me viene a la mente es la crítica que ya entonces hacía al Juez Aránguiz quien, en mi opinión -y como lo demostraron mis distintas apelaciones y el informe del fiscal de la Corte de Apelaciones de Rancagua- nunca tuvo pruebas que me vincularan al llamado Caso Coimas. Asimismo, las presunciones que trató de forzar tampoco cumplieron con los estándares mínimos para condenar.

La razón es clara: es la consecuencia de que no existía el delito de corrupción en el que vanamente trató de involucrarme. No pedí dinero, no me dieron dinero y no hice favores a nadie desde mi cargo como subsecretario de Transportes.

Todos quienes han leído el proceso, todos,  pueden concluir sin excepción que nunca hubo evidencias y que el juez intentó forzar los antecedentes y los testimonios, lo que revela un encono personal, una animadversión ilógica e injustificada que lo llevó a promover la construcción de un contexto de presunción del delito, incluyendo la filtración de partes y piezas del sumario armado a la prensa.

El caso que me afectó fue, además, una operación política orquestada para complicar a la Concertación. Tanto así, que Piñera en su primer mandato propuso al Juez Aránguiz como ministro a la Corte Suprema.

Después de tantos años del juicio hay varias cosas que se me vienen a la mente.

La primera es cuánto cuesta que la verdad se imponga y cómo muchos interesados tratan de manipularla  o tergiversarla.

Lo segundo es cómo los medios más que apegarse a la verdad, en este caso, colaboraron a la construcción del escándalo y contribuyeron a prejuiciar a nuestra sociedad. El resultado del tratamiento de éste y otros casos, es que nuestra opinión pública no profundiza los temas, se queda con la primera imagen parcial de los hechos y, sobre ese concepto, emite juicios y opina. Los prejuicios instalados evitan que se conozca la verdad. Para mí, esa es la gran lección de mi juicio.

Las consecuencias son graves. Vivimos en una sociedad prejuiciada, donde se proclama que importan la transparencia y la verdad, pero que al mismo tiempo ejecuta condenas previas sin información y sin razonamiento, impidiendo que surja la verdad o que dé lo mismo si aparece. Así no se logra mejorar. La sociedad termina desilusionándose, se convierte en indiferente y se inclina al facilismo de la opinología desinformada e irresponsable que se construye en las redes sociales.

Mención aparte tienen los medios de comunicación social contribuyendo a construir prejuicios en función de los intereses que representan. En mi caso, el rol que jugaron fue prestarse a la información interesada del juez, sin chequeo, sin cuestionar, difundiendo una versión parcial para construir la imagen de un delito que no existió. ¿Por el escándalo? ¿Por las ventas? Por la razón que sea, fue una destrucción que no solo me afectó a mí, sino también a mi familia.

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